Me aparto del circulo de luz
constante pero mortecina.
Y me adentro en la oscuridad,
en sus sombras enmudecidas.
Detrás del brillo lejano
de alguna estrella radiante,
mis pasos tantean el sendero
como ciegos caminantes.
Siento el frio de la noche,
siento el rumor del peligro,
los susurros de lo oculto,
la llamada del abismo.
Delante me espera
lo desconocido,
voy a su encuentro
no hay otro camino.

No tengo miedo,
avivaré la luz de mi interior
y las sombras despavoridas
huiran ante su fulgor.

Se callara el silencio
enmudecera el abismo
De la escarcha nocturna
hare fresco rocío.
La perenne llama
que en mi alma anida
apagará la noche
despertará al día.