Ya esta bien de tanto gris, de tanto negro, de tanto blanco. Ya se marcha el frío arrastrando su larga cabellera de témpanos, y esos nubarrones, amenazantes fanfarrones, se deshacen ante el azul esplendoroso.

Ha llegado nuestra hora, hermanas. Liberemos nuestros áromas, despleguemos nuestros pétalos y tiñemos la tierra de luminosos colores.

Nuestra labor es encomiable, los humanos desperezan sus ánimos, abatidos durante el largo invierno, y dibujan sonrisas ante la alegre visión de nuestra presencia.

La más humilde margarita, las efímeras amapolas, la aromática lavanda, todas sin distinción somos símbolo de renovación, de esperanza y de promesas de vida, ante los atribulados ojos de cualquier mortal.

Merece la pena haber esperado todo este oscuro y frío tiempo. Ahora es nuestro momento.